1) La literatura infantil es sólo para niños
¡FALSO! Los llamados clásicos no nacieron en sus inicios pensando en los niños, sino en el divertimento de toda la sociedad en general. De hecho, los niños eran lo menos que contaba. La adquisición del status de lectores en los más pequeños es una consecuencia muy reciente, fruto de la modernidad. El término “literatura infantil” no deja de ser una etiqueta actual creada por las editoriales, que se dieron cuenta de que existía un interesante mercado. ¿Quién compraba esta literatura? Desde luego, no los niños directamente, sino sus padres y educadores. Fue al calor del interés despertado por captar a este público cuando se gestó la categoría como tal.
2) La literatura infantil no debe abordar ningún tema tabú
¡FALSO! Si aún aplicáramos esta premisa nos estaríamos perdiendo algunas de las mejores obras infantiles y juveniles. Sexo, religión, violencia… ¿Deben tener cabida en los relatos infantiles o juveniles? La respuesta a esta pregunta fue negativa durante muchos años. Pero afortunadamente, la literatura ha ido evolucionando al mismo ritmo que ha avanzado el pensamiento general de la sociedad, y lo que antes estaba tajantemente prohibido, hoy parece ser aceptado casi sin fisuras por la mayoría de los editores, padres, educadores y, en última instancia, lectores. Se ha demostrado con la propia experiencia que se equivocaban profundamente los censores que prohibían temas para niños. No existen temas infantiles o juveniles en sí mismos, sino formas adecuadas o no de abordarlos. Lo que importa realmente es el tratamiento que el autor sepa dar a estos supuestos tabúes. Y de ese talento dependerá su éxito o su fracaso.
3) La literatura infantil debe necesariamente enseñar algo
¡FALSO! ¿Quién dijo que la literatura tiene siempre que ir acompañada de una moraleja o que nació para enseñarnos cosas? ¡Los moralistas! No es que la moralidad tenga algo de malo, y bien abordada puede llegar incluso a convertirse en un elemento impactante para toda la vida. Pero no debe ser ése el fin último de ninguna literatura, ni de ninguna obra de arte en general.
4) La literatura infantil debe ser fiel a una narrativa simple
5) La literatura infantil debe llevar ilustraciones.
¡FALSO! No es necesario que así sea en todos los casos. Sin menospreciar el trabajo de los ilustradores, un cuento o novela puede vivir la mayoría de las veces sin necesidad de una imagen, de la misma forma que una ilustración no obligatoriamente necesita de un texto para sobrevivir y explicarse a sí misma. Otra cosa es el formato concreto del Libro-Álbum que, como veremos más adelante, presenta unas características muy específicas y en el que la ilustración cumple una función lógica y determinada. Conviene recordar que los libros ilustrados no son sólo para niños, y que pueden ser absolutamente deliciosos para cualquier lector adulto.
6) La literatura infantil debe tener protagonistas niños.
7) La literatura infantil es un género menor y de aprendizaje
¡FALSO! En ningún caso se trata de un apéndice de inferior categoría, ni mucho menos de un ensayo previo al verdadero oficio de escribir literatura. Son muchos los adultos que no desean “perder el tiempo” con la lectura de un libro de esta naturaleza, por considerarlo muy inferior a sus capacidades. ¿Cómo voy a llorar yo con El Principito? ¿Por qué voy a leer a Manolito Gafotas, si es para niños? Es hora de ir eliminando esas barreras. Las etiquetas (“clásicos”, “best-sellers”, “realismo”, “terror”, “ciencia-fición”…), cuando son utilizadas en sentido peyorativo, sólo consiguen alejarnos de extraordinarias experiencias lectoras y de inolvidables encuentros con lo único que debe interesarnos: disfrutar de una literatura de calidad.
En el siguiente vídeo, la joven escritora y bloggera mexicana Abril G. Karera nos explica los siete falsos mitos en torno a la literatura infantil con su habitual desparpajo. ¡No te lo pierdas!
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