En su obra FANTASMAS Y TULIPANES, el inolvidable escritor canario Rafael Arozarena (Santa Cruz de Tenerife, 1923-2009), nos presentaba las aventuras de un muchacho de catorce años en la ciudad de Wake, un intrigante pueblo surgido en Canarias, como consecuencia del naufragio de un misterioso barco holandés.
Wake era, entre las fascinantes páginas de esta novela, un pequeño caserío entre neblinas, formado por doce torreones agrupados estrechamente en el paisaje, como un gran bloque de piedra oscura, agrietado por estrechas callejuelas laberínticas.
Lugar mítico y lleno de poesía, Wake fue también mi especial torreón: el mirador desde donde me asomé con especial emoción al mundo de la literatura infantil y juvenil para apreciar un paisaje de letras y aventuras que se instaló dentro de mí para siempre.
Permíteme, querido Rafael, que hoy te tome prestado el nombre de la mágica ciudad de Wake para estrenar con modestia este pequeño blog-homenaje a la LIJ, donde de vez en cuando nos adentraremos en algunos de los secretos de las mejores historias escritas para los más jóvenes.

No hay comentarios:
Publicar un comentario