lunes, 31 de agosto de 2015

SIETE FALSOS MITOS EN TORNO A LA LITERATURA INFANTIL

1) La literatura infantil es sólo para niños

¡FALSO! Los llamados clásicos no nacieron en sus inicios pensando en los niños, sino en el divertimento de toda la sociedad en general. De hecho, los niños eran lo menos que contaba. La adquisición del status de lectores en los más pequeños es una consecuencia muy reciente, fruto de la modernidad. El término “literatura infantil” no deja de ser una etiqueta actual creada por las editoriales, que se dieron cuenta de que existía un interesante mercado. ¿Quién compraba esta literatura? Desde luego, no los niños directamente, sino sus padres y educadores. Fue al calor del interés despertado por captar a este público cuando se gestó la categoría como tal.

2) La literatura infantil no debe abordar ningún tema tabú
¡FALSO! Si aún aplicáramos esta premisa nos estaríamos perdiendo algunas de las mejores obras infantiles y juveniles. Sexo, religión, violencia… ¿Deben tener cabida en los relatos infantiles o juveniles? La respuesta a esta pregunta fue negativa durante muchos años. Pero afortunadamente, la literatura ha ido evolucionando al mismo ritmo que ha avanzado el pensamiento general de la sociedad, y lo que antes estaba tajantemente prohibido, hoy parece ser aceptado casi sin fisuras por la mayoría de los editores, padres, educadores y, en última instancia, lectores. Se ha demostrado con la propia experiencia que se equivocaban profundamente los censores que prohibían temas para niños. No existen temas infantiles o juveniles en sí mismos, sino formas adecuadas o no de abordarlos. Lo que importa realmente es el tratamiento que el autor sepa dar a estos supuestos tabúes. Y de ese talento dependerá su éxito o su fracaso.

3) La literatura infantil debe necesariamente enseñar algo
¡FALSO! ¿Quién dijo que la literatura tiene siempre que ir acompañada de una moraleja o que nació para enseñarnos cosas? ¡Los moralistas! No es que la moralidad tenga algo de malo, y bien abordada puede llegar incluso a convertirse en un elemento impactante para toda la vida. Pero no debe ser ése el fin último de ninguna literatura, ni de ninguna obra de arte en general.

4) La literatura infantil debe ser fiel a una narrativa simple
¡FALSO! ¿Tiene una obra como Alicia en el País de las Maravillas, de Lewis Carroll, algo de sencillo? ¿Es simple una propuesta filosófica como El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry? Existe a menudo la creencia de que, si una obra contiene un lenguaje más elaborado o responde a un mundo más complejo y rico en matices, simplemente los niños no la van a entender. Nos sorprendería comprobar hasta qué punto es errónea esa percepción. No por ser para niños un autor debe renunciar a mecanismos o universos desbordantes en significaciones o significantes en favor de propuestas sosas, ramplonas o demasiado simples. Ser niño no es sinónimo de ser tonto o corto de entendimiento.

5) La literatura infantil debe llevar ilustraciones.
¡FALSO! No es necesario que así sea en todos los casos. Sin menospreciar el trabajo de los ilustradores, un cuento o novela puede vivir la mayoría de las veces sin necesidad de una imagen, de la misma forma que una ilustración no obligatoriamente necesita de un texto para sobrevivir y explicarse a sí misma. Otra cosa es el formato concreto del Libro-Álbum que, como veremos más adelante, presenta unas características muy específicas y en el que la ilustración cumple una función lógica y determinada. Conviene recordar que los libros ilustrados no son sólo para niños, y que pueden ser absolutamente deliciosos para cualquier lector adulto.

6) La literatura infantil debe tener protagonistas niños.
¡FALSO! Otro mito que se repite con demasiada frecuencia es el que adjudica la categoría de “infantil” a cualquier obra de ficción cuyo personaje protagonista es un niño. Es una trampa en la que no debemos caer. Pensemos en una novela como El tambor de hojalata, del autor alemán ganador del Premio Nobel, Günter Grass. ¿El hecho de estar narrada desde la perspectiva de Oscar Matzerath, un niño que a la edad de tres años decide dejar de crecer, acaso la convierte en una obra infantil? Tampoco el mito se cumple a la inversa. No porque el protagonista de una obra sea un adulto significa que ésta no pueda ser un libro para niños. Todo dependerá siempre de la perspectiva que se adopte.

7) La literatura infantil es un género menor y de aprendizaje
¡FALSO! En ningún caso se trata de un apéndice de inferior categoría, ni mucho menos de un ensayo previo al verdadero oficio de escribir literatura. Son muchos los adultos que no desean “perder el tiempo” con la lectura de un libro de esta naturaleza, por considerarlo muy inferior a sus capacidades. ¿Cómo voy a llorar yo con El Principito? ¿Por qué voy a leer a Manolito Gafotas, si es para niños? Es hora de ir eliminando esas barreras. Las etiquetas (“clásicos”, “best-sellers”, “realismo”, “terror”, “ciencia-fición”…), cuando son utilizadas en sentido peyorativo, sólo consiguen alejarnos de extraordinarias experiencias lectoras y de inolvidables encuentros con lo único que debe interesarnos: disfrutar de una literatura de calidad.


En el siguiente vídeo, la joven escritora y bloggera mexicana Abril G. Karera nos explica los siete falsos mitos en torno a la literatura infantil con su habitual desparpajo. ¡No te lo pierdas!


domingo, 30 de agosto de 2015

UNA VENTANA ABIERTA A TU FORMACIÓN

Estamos a punto de arrancar con nuestros talleres on-line de LIJ de la Escuela de Formación de Escritores (EFE).

No te lo pienses más y adquiere ya una formación sólida y práctica que estimulará tu capacidad creativa a la hora de enfrentarte al reto de escribir para los más jóvenes.

Si quieres formarte como escritor especializado en literatura infantil y juvenil, te esperamos en nuestros cursos ESCRIBIR PARA NIÑOS Y JÓVENES I y II.

Pincha en el siguiente enlace para obtener toda la información sobre los talleres.


http://escueladeformaciondeescritores.es/author/raquel-martin/instructing-courses/

10 CONSEJOS PARA ESCRITORES NOVELES

No te pierdas este decálogo de consejos para futuros escritores de LIJ que nos brinda César Mallorquí en este magnífico vídeo:

1) Pregúntate por qué quieres escribir
2) Leer mucho y escribir mucho
3) Hay que aprender a "encestar"
4) Copia con descaro
5) Poco a poco el pájaro hace su nido
6) Céntrate en las 3 columnas que sostienen casi todos los relatos
7) Corrige, corrige otra vez, vuelve a corregir y sigue corrigiendo
8) Pon a prueba tus escritos
9) Persevera y ten constancia
10) Prepárate a aceptar que no eres escritor


DESDE EL TORREÓN DE WAKE

En su obra FANTASMAS Y TULIPANES, el inolvidable escritor canario Rafael Arozarena (Santa Cruz de Tenerife, 1923-2009), nos presentaba las aventuras de un muchacho de catorce años en la ciudad de Wake, un intrigante pueblo surgido en Canarias, como consecuencia del naufragio de un misterioso barco holandés. 

Wake era, entre las fascinantes páginas de esta novela, un pequeño caserío entre neblinas, formado por doce torreones agrupados estrechamente en el paisaje, como un gran bloque de piedra oscura, agrietado por estrechas callejuelas laberínticas.

Lugar mítico y lleno de poesía, Wake fue también mi especial torreón: el mirador desde donde me asomé con especial emoción al mundo de la literatura infantil y juvenil para apreciar un paisaje de letras y aventuras que se instaló dentro de mí para siempre.

Permíteme, querido Rafael, que hoy te tome prestado el nombre de la mágica ciudad de Wake para estrenar con modestia este pequeño blog-homenaje a la LIJ, donde de vez en cuando nos adentraremos en algunos de los secretos de las mejores historias escritas para los más jóvenes.